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Las asociaciones de fieles son una
realidad muy antigua en la vida de la Iglesia. Del mismo modo que
cada bautizado recibe de Dios una vocación y unas gracias para
llevarla a cabo, también el Espíritu Santo ha impulsado y sigue
impulsando a los bautizados a asociarse para realizar los fines
propios de la Iglesia.
La ley canónica reconoce el derecho de los
fieles a asociarse libremente (canon 215) y la experiencia de los
siglos da testimonio de los bienes que las asociaciones de fieles
procuran al conjunto del Pueblo de Dios y a la sociedad.
Estas asociaciones pueden establecerse
para los siguientes fines:
a) fomentar una vida cristiana
más perfecta;
b) promover el culto público o
la doctrina cristiana;
c) realizar obras apostólicas, tales
como iniciativas para la evangelización, el ejercicio de obras de
piedad y de caridad, la animación del orden temporal con el espíritu
den evangelio (canon 298). |